tesoro

E N D U R A N C E

“Se buscan hombres para viaje peligroso. Salarios bajos, frío amargo, largos meses de completa oscuridad, peligro constante. Regreso no garantizado, honor y reconocimiento en caso de éxito.

Ernest Shackleton, Burlington st. 4”

Así se dice que anunció Sr. Ernest su proceso de selección de personal para la Expedición Imperial Transantártica (1914-1917). Lejos de disuadir a los posibles interesados, se presentaron más de 5.000 personas a las entrevistas. De entre estos salió el grupo de 27 personas que se embarcaron, junto al propio Shackleton a bordo del Endurance, un barco de propulsión mixta vela-vapor de a penas 44m de eslora por 8 de manga. Un pequeño mundo de madera al que el destino había reservado un papel único en la historia.

La sucesión de hechos es conocida por muchos, pero merece la pena sacarla a relucir otra vez:

Partieron de Georgia del Sur hacia el Mar de Weddell con la intención de acercarse a la superficie firme de la Antártida. A escasas 150 millas navegación los hielos se cerraron y bloquearon totalmente al Endurance. Era el 18 de enero de 1915.

Se quedaron ahí, viviendo dentro del barco, a la deriva (los témpanos se mueven en masa), rodados de nada más que hielo, aguantando el letal invierno austral, hasta que de nuevo en primavera, los hielos empezaron a abrirse y a cerrarse. Como si de las fauces de una gigantesca bestia se tratara aplastaron el casco de la Endurance, que a los pocos días empezó a hundirse bajo el hielo ante la atenta mirada de los 28 hombres, instalados ya en un campamento provisional fuera del barco. El día era el 27 de octubre de 1915, a 69°05’S, 51°30’O, según estimaciones del piloto.

De ahí, los 28 miembros de la expedición partieron arrastrando los botes salvavidas -habían sido sacados previamente del Endurance- por el hielo. Del 30 de octubre al 8 de abril de 1916, malvivieron entre marchas forzadas y campamentos improvisados sobre la gran placa de hielo. Se comieron a sus perros de tiro, ya que las raciones escaseaban. Cazaban lo que podían, que era

poco, se limitaban a esperar mientras el fantasma de la expedición de Franklin atisbaba entre los hielos.

Pero el hielo se quebró de golpe y empezó una travesía extraordinaria a bordo de los tres pequeños esquifes que duró aproximadamente una semana. 160Km navegando a través del mar más peligroso del planeta hasta que llegaron a la Isla Elefante. Un peñasco rocoso y totalmente desierto a no ser por los pingüinos, focas y albatros que lo habitan. Ahí decidieron montar un precario campamento y aposar el todo por el todo: habilitarían la barca salvavidas más grande de las tres, el James Carid e irían a buscar ayuda hasta Georgia del Sur, el puerto ballenero que había sido el último punto habitado por donde la Endurance había pasado.

Partieron el 24 de abril de 1916, 6 hombres entre los que estaba el propio Shackleton hacinados en los 6,85m del bote. Navegaron 1.300km (MILTRESCIENTOS KILÓMETROS) hasta que, el 10 de mayo, entre olas gigantes, témpanos de hielo y costas salvajes, arribaron a Georgia del Sur. El único problema es que la isla es muy alargada y rodarla navegando era casi un suicidio. Decidieron que tres de ellos cruzarían a pie esa isla llena de montañas y glaciares. Sin mapa. Sin equipo de alpinismo, caminaron durante 36h seguidas hasta que llegaron a la estación ballenera, al otro lado de la isla. Empezaron las labores de rescate de los grupos que habían quedado desperdigados por todas partes.

El 30 de agosto de 1916, se conseguía rescatar al grueso de la tripulación, que seguía en la Isla Elefante.

El hecho de que 28 personas pudieron sobrevivir a las condiciones extremas del ártico durante más de un año y medio sin que hubiera que lamentar ni una sola baja hace de esta una de las más grandes hazañas de la historia de la navegación y constituye, per se, el broche de oro de la época de los descubrimientos.

El 9 de marzo de 2022, el último miembro de la expedición de Shackleton fue hallado. A 3.000m de profundidad y a escasos 5Km de la posición referida por el piloto -69°05’S, 51°30’O- el Endurance reposa intacto. Sus campanas lustradas, su proa erguida impecable. Y en la popa relucen las letras de su nombre sobre una estrella de cinco puntas la cual, junto con la leyenda del que fue su capitán, se resiste a dejar de brillar.

Pretendía que este fuera un artículo jurídico sobre régimen legal aplicable a los tesoros sumergidos que son hallados muchos años después de su pérdida, pero la historia en sí bien merecía ser contada -por diezmilmillonésima vez-.

Autor: Nicolau vidal Cubí. Abogado

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